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jueves, 30 de noviembre de 2017

Una Historia Increíble

El día no podía ser más radiante, ni los pastos de las praderas por donde habíamos cruzado más verdes; sin embargo, cuando miré la laguna me sentí triste.
El sentimiento era claro, pero creí que sería un desgano causado por algo físico. Llegué al lugar junto a Cristian, mi hermano, y habíamos caminado muchos kilómetros, y podía ser cansancio con un poco de deshidratación y tal vez una caída en el nivel de azúcar (sabía lo del azúcar porque una vez había visto a alguien desvanecerse por eso). Con la mochila todavía a cuestas, mi hermano miró todo el espejo de la laguna y después sus orillas rodeadas por árboles, como esperando encontrar algo. Fue porque también sentía la misma tristeza que yo, y me lo dijo:

—Guille, este lugar me da desgano, o más bien es como...
—¿Tristeza? —lo interrumpí yo.
—Sí, tristeza sería la palabra.
—Puede ser porque caminamos mucho al sol. Vamos a dejar nuestras cosas por aquí y tomemos bastante agua. 

Nos sentamos a la sombra de un eucalipto enorme y tomamos agua mientras contemplábamos de nuevo la superficie oscura pero llena de brillos y sus orillas arboladas. Era nuestra primer pesca sin nuestro padre, y era importante para nosotros porque significaba independencia, y poder salir cualquier día en las vacaciones y no solo cuando nuestro padre podía. Bastante nos había enseñado él, y nosotros habíamos demostrado que éramos prudentes y teníamos buen instinto. Sabíamos bastante; pero ignorábamos mucho más, y no supimos escuchar la voz de nuestro instinto de supervivencia, que nos decía que allí había algo mal. Además aprendimos que sí hay cosas sobrenaturales, por increíbles que parezcan. 

Después de beber bastante nos quedamos sentados en silencio, solo contemplando. Continuamente algún pez perturbaba el agua, y algunos grandes rompían la superficie haciendo bastante ruido. Eso nos animó. Aprontamos rápidamente nuestras cañas de pescar jugando a quien lanzara primero. Cristian lanzó primero, pero sin carnada, por eso me declaré ganador. Nos reímos pero bajo porque nos habían enseñado a no andar a los gritos ni a las risotadas en la naturaleza, para que no lo tomen a uno por un desubicado, como esa gente que sale solo a emborracharse, con la excusa de pescar o cazar. 
Con nuestras líneas en el agua nos sentimos más animados, y mejoró todavía más porque empezó a salir un pez tras otro. Para mantenerlos vivos, los atábamos con una piola que pasábamos por las agallas y los tirábamos al agua, después de atar la piola a una estaca, obviamente. Planeábamos llevar muchos a nuestro hogar y así sorprender a nuestro padre. Habíamos alcanzado la laguna cerca del atardecer. Cuando más entusiasmados estábamos la noche empezó a apurarnos. El cielo fue perdiendo su azul, las sombras crecieron en longitud, y ruidos y movimientos empezaron a apagarse. Mirando lo poco que le quedaba al día creí que había cometido un error, y le dije a mi hermano que teníamos que juntar leña y rápido; pero le advertí que tuviera cuidado, y mirara bien antes de agarrar algo, y sobre todo que no se apartara mucho. El lugar estaba repleto de ramas secas, no tuvimos que alejarnos mucho del campamento ni demoramos tanto como temía. Ordenamos el campamento, acomodamos un lugar para la fogata, y mientras quebrábamos algunas ramas Cristian me dijo:

—¿Y si nos vamos ahora y no pasamos la noche aquí? Ya tenemos unos cuantos pescados.
—Sí, si es por la pesca ya podríamos irnos, pero la noche nos alcanzaría en el campo, y le dijimos a papá que no íbamos a caminar de noche. 
—¡Ah, cierto! Te lo decía porque ahora siento de nuevo esa... ese desgano de hoy.
—También lo siento, ahora que lo pienso. No comemos desde hoy a mediodía, y almorzamos liviano para no salir con el estómago muy lleno. Creo que después de comer nos vamos a sentir mejor.
—Sí, puede ser —dijo sin muchas ganas. 
—¡Rama, deja a ese muchacho que lo vas a quebrar! —bromeé yo al ver que mi hermano estaba pasando trabajo para quebrar una rama.

Nos reímos bajo como era nuestra costumbre cuando acampábamos, y seguimos alistando todo para el fuego. Habíamos llevado unas tiras de carne ya salada y condimentada. Con adobo y todo, la carne ya tenía un olor bastante fuerte, mas sabíamos que estaba bien y que el fuego iba a solucionar eso. Ensartamos las tiras de carne en unas ramas, y sentados uno al lado del otro las vimos asarse. La noche había llegado muy oscura y ocultó todo el paisaje. Pero el fuego tiene un poder increíble, y estando frente a sus llamas estas nos reconfortaban. Las tiras de carne quedaron deliciosas, las comimos con pan. Más animados por la comida, empezamos a hablar de cualquier cosa saltando de un tema al otro, aunque había uno recurrente y era sobre mujeres. No estábamos asustados ni impresionados por nada en ese momento, por eso puedo afirmar que sucedió así. Mi hermano comentó que la laguna estaba muy silenciosa, y yo le di la razón. Encendí mi linterna y quise iluminar el agua, ¡pero esta ya no estaba! Iluminé parte de un enorme pozo que ahora solo contenía oscuridad. Nos levantamos rápidamente y nos miramos atónitos. No era solo un descenso del agua, la laguna estaba vacía hasta donde llegaba la luz de la linterna, que era una buena distancia. Aquel enorme hueco en el suelo me resultó espantoso. Abajo, en el fondo, había una mezcla de plantas acuáticas pegadas al lodo, ramas y toda una confusión de cosas viscosas, que tal vez eran más plantas. Guillermo quedó con la boca abierta, y yo me sentí obligado a buscarle una explicación racional a aquello.

—Esta laguna es artificial, y debe haberse roto la represa de tierra, la que se veía que está allá del otro lado, en la otra punta, y el agua se fue por ahí. Podía estar llena de cuevas de nutrias y por eso cedió.
—Pero no escuchamos ni un ruido de agua, y de allí hasta acá, con el silencio que hay tendríamos que oír algo, además que no vimos ni una nutria —repuso mi hermano con toda razón.
—Bueno, no sé entonces, pero el agua no está. ¿Tienes otra explicación? ¿Eh? Lo que podemos hacer ahora es agarrar nuestros pescados e irnos. Una buena excusa tenemos, ¿no? Papá no nos va a reprochar nada. Esto es muy raro.
—Vayámonos de una vez.

Cuando encontramos las estacas de las piolas, tiramos de ellas creyendo que nuestros pescados estarían ahora en el lodo, pero no encontramos resistencia alguna. Cuando estábamos iluminando el fondo próximo a la orilla, algo se levantó en el barro y era una forma humana, se enderezó hasta quedar sentado, y después empezó a pararse, y nosotros estábamos paralizados de terror. Le caía lodo de todo el cuerpo, y cuando escurrió lo suficiente de ese material vimos que era un esqueleto. Entonces el terror fue tanto que salimos corriendo, dejando todo lo que teníamos en el campamento.

Llegamos a nuestro hogar al amanecer. Como era de suponer, no nos creyeron la parte del esqueleto andante, y lo de la alguna les resultaba muy raro. Mi padre quedó preocupado por el fuego que no apagamos, además de reprocharnos que dejáramos todas nuestras cosas. Si fuera por un peligro real, no importaba, nos decía, pero no por un susto. Se enfadó bastante, y resolvió que nuestro castigo iba a ser volver a la alguna ese mismo día, aunque estuviéramos cansados, y si habíamos causado un incendio, teníamos que responder por él. Salimos no mucho después de un almuerzo incómodo. Esperábamos que por lo menos viera lo de la alguna, pero cuando llegamos esta estaba llena de agua. Por suerte la fogata se había apagado sin propagarse, y todas nuestras cosas estaban allí, incluidos los pescados que teníamos atados, y todavía estaban vivos.  

4 comentarios:

  1. Hola Jorge! Estuvo muy bueno el cuento, e interesante como acostumbran serlo en tu blog. Te leo desde hace algunos años y me gustan tu estilo e ingenio, los cuales has ido perfeccionando a través del tiempo; te felicito. Saludos desde El Salvador! -Randy

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    1. Hola Randy. Muchas gracias. Este oficio lleva años, pero sí creo que voy mejorando. Te espero por aquí, mañana voy a publicar otro. Va a ser sobre un tipo que está por cumplir años, porque mañana 2 cumplo años ¡Jaja!

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  2. Pues muchas felicidades por tu cumpleaños Jorge!! Que tengas muchas bendiciones en tu vida y que sigas cosechando éxitos. Randy

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    1. ¡Muchas gracias! Al cuento pude publicarlo hoy recién ¡Jaja! Es que tenía que corregirlo un poco y ayer estaba con mucho sueño. Saludos!!

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